El nácar era tradicionalmente una de las principales artesanías de Belén. Se cree que fue introducido por los monjes franciscanos que llegaron de Damasco a la zona hacia el siglo XV. Con la presencia de la orden de San Francisco de Asís en Tierra Santa hacia finales del siglo XVII, los objetos religiosos ganaron en importancia económica. Un franciscano de finales del siglo XVI, el padre Bernard Amico, es conocido por haber realizado reproducciones en miniatura de iglesias en nácar.

El nácar se utiliza para hacer cruces, pendientes, broches y para incrustar muebles y cajas. Los hábiles artesanos utilizan hermosas conchas multicolores para crear delicadas filigranas. Se cree que los monjes de la Iglesia de la Natividad de Belén introdujeron las técnicas de talla de madera y perlas a los lugareños durante el siglo IV.

A partir de 1850, Belén experimentó un gran desarrollo en la fabricación de nácar, favorecido por la presencia de peregrinos y religiosos que los adquirían a un precio relativamente bueno debido a la estabilidad y a las crecientes buenas relaciones entre Tierra Santa y Europa. Los tesoros del rey cruzado Ricardo Corazón de León incluían conchas y objetos de nácar, como cruces y otros objetos religiosos. En 1220, algunos líderes cristianos que peregrinaron a Tierra Santa trajeron de vuelta cruces y abalorios de madera de olivo y de conchas crudas y sencillas.

En épocas anteriores, la materia prima era traída por caravanas desde el Mar Rojo. Más tarde, se encuentran pruebas de que los comerciantes palestinos de Belén compraban este material semiprecioso en Nueva Zelanda, Australia, México y Brasil. Todo el proceso de producción se basa en el corte, el diseño, el encolado y el pulido. Esto se lleva a cabo en talleres locales, principalmente en la zona de Belén.

El trabajo con el nácar requiere herramientas sencillas, como cortadores. Se utilizan ciertos productos químicos para pegar las piezas de nácar, que luego se pulen no sólo para mejorar su aspecto, sino también para conservarlas durante mucho tiempo. El trabajo lleva mucho tiempo y requiere habilidad y paciencia. La introducción de herramientas modernas en la segunda mitad del siglo XX, como pequeños motores y herramientas para tallar, facilitó naturalmente el trabajo. Hoy en día, en los talleres de Belén, Beit Sahour y Beit Jala se pueden ver herramientas industriales que copian figuras y las tallan.

El legado de la artesanía del nácar en la zona de Belén sigue manteniendo la visión artística y la tradición de la comunidad palestina. Se ha convertido en una industria productiva y lucrativa que proporciona cierta estabilidad económica a la comunidad de Belén, atrayendo finalmente a turistas y peregrinos que han valorado la belleza y el arte de la artesanía del nácar para comprarlos como regalos para llevar a casa.

Fuente: Comunidad Palestina de Chile