Cuando Saeda Al Majdlawi se enteró de las altas tasas de diabetes en Gaza, se puso a trabajar inmediatamente.
Esta mujer de 38 años, que tiene un máster en cultivo de tejidos vegetales y es profesora a tiempo parcial en la Escuela Universitaria de Ciencias Aplicadas de Gaza, empezó a investigar alternativas al azúcar.

Creó su propia empresa Techno Plant y construyó un gran invernadero en el patio de su casa. Allí experimentó con papas, palmeras y frutillas, así como con stevia, una planta con la que se puede elaborar un edulcorante. “Sufrimos una enorme presión psicológica debido a la ocupación, el asedio y las difíciles condiciones económicas”, dijo al-Majdlawi.

Dice que sus productos están atrayendo la atención de la Cisjordania ocupada. ¿El problema? Sus productos no pueden llegar allí debido a las restricciones israelíes. “Me puse en contacto con el Ministerio de Economía y me informaron de que los productos líquidos están prohibidos por Israel. Es muy deprimente lo que estamos viviendo aquí”.

En 2014, Razan Al Khozondar lanzó una startup llamada Rozza Designs, emprendimiento de logotipos, de tarjetas de visita o impresión de  diseños en ropa o carcasas de teléfono, y similares. Esta mujer de 32 años, madre de dos hijos, estudió informática en Egipto, pero fue el diseño gráfico el que se convirtió en su pasión.

“Debido a la elevada tasa de desempleo en Gaza, quería hacer algo por mi propio futuro. También empecé a pensar en cómo podía ayudar a mis compañeros graduados. Entonces se me ocurrió esta idea, y ahora estoy formando a algunas chicas en mi tienda para que dominen el diseño gráfico”. En 2021, la tasa de desempleo en Gaza se situaba en un enorme 47%, según la Oficina Central de Estadísticas de Palestina.

Una de las consecuencias es que Israel ha restringido la entrada de una larga lista de artículos en Gaza, alegando que podrían utilizarse con fines militares.

La lista de los llamados artículos de doble uso es “larga y vaga”, según el grupo de derechos israelí Gisha. Incluye amplias categorías como “equipos médicos” o “equipos de comunicaciones”, así como artículos y materiales básicos necesarios para la industria, el sector de las TIC, para la agricultura y la pesca y otros innumerables productos de la vida cotidiana.

Según las estimaciones del Banco Mundial, la flexibilización de las restricciones de doble uso podría suponer un crecimiento del 11% en Gaza para 2025.

Al-Khozondar cayó en esas restricciones cuando quiso importar una impresora para una línea de productos de ropa.

“En 2019, una línea de productos se detuvo por completo durante un año sólo porque Israel no aceptó emitir un permiso para una impresora que necesitaba para hacer camisetas y otros regalos”.

Raghad Al Afifi vio las limitaciones del sistema educativo de Gaza, que podía ofrecerle todo menos la exposición a los demás. Aislada del mundo, como prácticamente lo está Gaza, los estudiantes no tienen el lujo de viajar ni de relacionarse con compañeros de otros lugares. En 2018, mientras trabajaba con Gaza Sky Geeks, un centro tecnológico, creó su propia startup, Fill the Gap.

El negocio es un programa educativo para enseñar a los graduados palestinos habilidades blandas: comunicación, hablar en público y habilidades de liderazgo, a la vez que los conecta electrónicamente con graduados extranjeros para forjar conexiones, compartir conocimientos y estar expuestos a otras culturas.

Los ingresos se obtienen a menudo a través del crowdfunding, aunque esto es complejo en Gaza, donde las transacciones financieras están restringidas debido a las regulaciones bancarias occidentales e israelíes que apuntan a Hamas, el movimiento que está al mando en Gaza tras ganar las elecciones parlamentarias en 2006.

“Hacemos campañas de crowdfunding para llevar el negocio. En Gaza, es un proceso complicado en su conjunto. Sólo se puede conseguir dinero a través de organizaciones humanitarias conocidas. Esta es realmente una de las cosas que me preocupan cada año”.

Su programa ha despertado el interés de la ciudad de Nablus. Sin embargo, Al-Afifi no ha podido aprovechar adecuadamente ese interés porque no ha obtenido el permiso de Israel para viajar a Cisjordania.

“Estoy trabajando en la organización de un campo de entrenamiento para emprendedores sociales en Nablus, pero probablemente no voy a poder conseguir un permiso para cruzar el puesto de control de Erez. Actualmente estoy formando a alguien que vive allí para que dirija el campamento por si acaso”.

Fuente: Electronic Intifada